Make your own free website on Tripod.com

Hernan Tenorio

Portada
Cristina Castello
Miguel Idelfonso
Alfredo Vaeza
Ricardo Juan Benitez
Gustavo Tissoco
Madeline Millan
Hernan Tenorio
Giancarlo Andaluz Queirolo
Trina Quiñones
Silvina Faure
Rafael Inocente
Daniel Rafalovich
Juan Carlos Vasquez
Homenaje a fedor dostoevsky
Dino Masiero Sauber
Letras Libres
Libro de Visitas
Colaboraciones
Ediciones anteriores
Enlaces
Sumario

amnesia.jpg

Amnesia

 

     ¿Qué es un árbol? : Madera + hojas + extensión. Algo así como un animal inerte, como un bicho que crece estando muerto.

     No recuerdo como llegué hasta aquí, sólo recuerdo el leve sonido del viento al rozar  las hojas de un sauce que llora una antigua balada, un romance.

 

¡Estoy entero!

 

     ¿Qué es estar entero? Tengo algo que parece una cabeza, cuatro extremidades y un torso. ¿Cómo puedo compararme con alguien más, cuando estoy solo? Dónde esta el parámetro comparativo, una base de datos o una escala de valores. Supersticiones, uno es lo que es.

     ¿De qué color es el agua? Según los especialistas es incolora, pero cuando veo el lago no hago otra cosa más que hipnotizarme con su color turquesa.

 

No he olvidado las palabras y recuerdo un texto que decía:

 

Un sueño con los ojos abiertos

 

 

     Tengo el recuerdo profundo de haber llegado hasta aquí, por algún motivo incierto. De encontrarme en penumbras luminosas, de no poder decir que fue lo que pasó en ese lapso de tiempo.

     Es el crepúsculo el que me devuelve al océano, en medio del alba no soy tan injusto. Apaciguando el soñoliento viaje hacia el centro del abismo, me siento solo, pero conforme. Es este el sentido único de encontrar, aunque sea erróneo, un motivo para redimirse.

    Recostado sobre la hierba fresca y verde es cuando me interesa la naturaleza. Así uno puede atajarse y enfrentar el miedo cuando la cabeza rueda por el césped aromatizado. Desde este centro veo en conjeturas: las alamedas silvestres en la costa y un parapeto en la orilla del acantilado frente al muelle donde descansa, con todo su peso, un faro olvidado.

     Sin fronteras, siento el cuerpo dormido cuando estoy en tal reposo, como aparcado sobre no sé que fantasía y después me rió a carcajadas con un tono diabólico. En ese momento me afiebra solo pensar en el olvido o recordar que me he olvidado de pensar en armonía. Despierto luego, al instante, aturdido por el silencio del viento, acorralado por la furia del mar, e imagino las gráciles gacelas corriendo por la inmensidad, aprisa, pero consientes de su velocidad. Me salpica la brisa amiga del tormento, obligándome a parpadear inagotable; después siento la solidez de una muralla y me pateo la cabeza para que caigan las ideas de eternidad y de locura.

     Con el tiempo recuerdo la marea de mi sangre y la insistente preocupación por respirar tranquilo. Observo el cielo gris, cubierto de nubes negras que no dejan de correr y correr para formar figuras: un ave, un barco, una niña, un cabrito, una serpiente, un crucifico, etc.

     Sostengo al mantener las manos sobre el rostro, la calculadora mental en que se ha convertido mi cabeza, y me quiebro en llanto. Las lágrimas saladas me devuelven la alegría, porque sé en ese momento que mi corazón responde al flagelo. Entonces me doy cuenta, desesperadamente, que mañana es otro día.

     Siento que es increíble que alguien pueda decir tanto con tan poco. ¿Fui yo el que escribió este sueño con los ojos abiertos?

 

     La textura del lenguaje me envuelve en una contradicción: ¿tienen textura las palabras?                    

     ¿Quién lo sabe?, seguramente algún bromista lo ha dicho antes. Las palabras suenan tan vacías al caer en el pozo del pasado:

 

Ayer ya es hoy y al llegar mañana será hoy también.

Todo lo sucesivo será hoy cuando suceda:

 

El viento y el agua de hoy,

serán la tormenta del mañana.

El desierto de ayer es la pradera de hoy

y los nenúfares sonríen.

La naturaleza es sublime

¡y yo soy (felizmente) parte de ella!

 

     Una pulcra pulsión naturalista:  me asusta soñar con fogatas en el cielo, una carrera de cometas incendiados en un vuelo de inocencia, esa superación del tiempo en remolinos de mareas, como el miedo que causa ver un pez muriendo fuera del agua.

     Acerco, narciso, mi rostro al espejo líquido para observar una ulcera en el agua y comprendo que lo que me rodea es una vagina infinita que me traga a lo profundo del pantano, al pozo de la verdadera naturaleza. Entonces me doy cuenta que respiro a través de unos senos que me amamantan con oxigeno para no asfixiarme con la duda de toda la existencia y soy único y me reconozco como tal y no entiendo a quién le hablo, pero vocifero tartamudos fonemas demenciales y vuelvo al feto y el principio me abandona hasta el final y el final es el espejo perplejo de la Génesis y no me asusta, al contrario, me protege, en dulce refugio, del abismo.

 

¡Me contagio de alegría!

 

     Ha caído (planchado) el sol sobre el agua y el horizonte se ha teñido de un naranja vitamínico: la noche anuncia el descanso húmedo en el vientre muerto, el castigo al corcel de plata que contrae sus músculos con cada azote. La rueda volverá a girar luego, cuando el alba despunte en un olvido...

 

Olvido el aroma del olivo

y me crucifico con clavos de olor.

Huelo: láudano,

la putrefacción de mi propio fracaso,

mis ideas muertas en un frasco de mermelada.

 

     El huésped está en mí, fiel habitante de la selva oscura, del monte del olvido sanguíneo. Simple excusa de la tierra salvaje, de la mareada herencia familiar que nunca termina de explotar y se mantiene inestable en el suspiro de los que la observan, objetivamente, desde la distancia; allí, en sueños.

     Es este el momento en que se ha roto el silencio: lo sucesivo es hoy, que se repite hasta la nausea. ¡Es hoy!, ¡mañana es hoy y siempre!

 

Lo obsceno me perturba y me atrae tanto como la medicina experimental:

 

Cortar hermosos cuerpos desnudos,

 

cortarlos en una camilla

 

 como trozos de pan para la cena.

 

Hacer con ellos una ensalada, un collage, un pastiche. Un manto

 

que cubra la horrible verdad del mundo. – ¿Qué es un cuerpo?–: La extensión necesaria de carne y huesos  para hacer un ser, un sujeto. – ¿Cómo se piensa todo esto?– Esto ya se pensó, ahora se sigue discutiendo. ¿Es eso lo que creo que es: un reproche?

Jamás me animaría a reprochar nada y cuando digo jamás, es nunca. –Así está mejor, creo que nos entendemos. Nadie te dijo que pienses.

 

Luego en soledad (en la ficción):

¿Cómo serán los gorilas y las bananas?

¿Los autos y las motocicletas?

¿Los trenes y los sube y baja?

¿Las mujeres y sus cosméticos y sus lencerías y sus mañas?

¿Cómo será?

 

     Habrá un día en que hoy será ayer. Ese día está próximo o ya ha pasado. Cuando suceda me refugiaré sensible en el ocaso y no recordaré ni las nimiedades que hoy me agobian y no sabré quien soy, ni quien fui y estaré esperando el orden inverso de todas las cosas que habitan mi cabeza, esas que me angustian en la más intima y espantosa soledad.

 

     Los dados caen

 

                              en el desesperado azar que no descansa con el sueño, que se nutre del descanso mismo y sepulta la vergüenza de existir en éste, mi mundo, mi condenado universo de palabras donde yace inerte el verbo, donde crece inmune la maldad de la palabra, donde colapsan huracanes hemorrágicos en desenfreno absurdo, donde la codicia es flor que Febo alimenta en fotosíntesis intestinal; allí, traté de hablar con Cronos para que me perdone y titubeando me dio una posible solución:

 

     Sé que mi inmediata obligación es el sueño, si alguien me hubiera preguntado mi propio nombre o cualquier rasgo de mi vida anterior no habría acertado a responder.

 

     Entonces fue cuando sucedió: Al principio la vuelta a la selva me sorprendió. Después estaba en la tierra (el fango), después en la Madre (el templo), después en el vientre (la esfera). Las palabras se perdieron de a poco, simplemente las fui olvidando. Antes del final -mejor dicho del principio- fue lo incomprensible: pecga, papka, tate, tutu. Luego los monosílabos: ma, pa, ti, no. Luego solamente sonidos: ag, gr, te, jo, gu. Por último,

reinó el silencio…

 

Hernán Tenorio.

 

 

ht.jpg

hernán fernando tenorio

Edad: 27 Años/ Nacionalidad: Argentino.

Fecha y lugar de Nacimiento: 25 de diciembre de 1978/Lanús/ Provincia de Buenos Aires/ Argentina.

 

 

Experiencia

 

n     2003-2004   Editor: Revista Virtual “Diálogos”.

 

n     2005  Organizador: Taller de Poesía Autogestivo en la editorial “Eloisa Cartonera”.

 

n     2005 Organizador: Taller de Poesía en el Centro Cultural “El Hornero”.

 

n     2006  Coordinador: Taller de poesía en “Espacio Disparate” Casa de Artes (Sitio de Montevideo 1265 – Lanús Este/ 4241-6975/espacio@eldisparatevioleta.com.ar).

 

n     2006  Integrante: Espectáculo de música y poesía “Un piano y tres cuerpos”.

 

n     2006  Coordinador: “Juegos con poemas” actividades poéticas para chicos de 4°, 5° y 6° Grado de E.G.B./ S.E.D.A.L.O. Colegio Alemán de Lanús/4209-3052/ Manuel Maza 2650 – Lanús Oeste.

formación

 

§         1986-1990   Profesorado de Dibujo y Pintura en el Instituto de Artes GUALAM de Lanús Este (Incompleto).

 

§         1998-2001   Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (Incompleto.).

 

n     2004   Curso de Redacción y Gramática en el Centro Cultural “Rector Ricardo Rojas” (UBA). Prof. Pablo Pérez.

 

n     2005   Taller de poesía en la Casa de la Poesía Biblioteca “Evaristo Carriego”, Coordinado por el poeta Roberto Cignoni.

 

n     Profesorado de Castellano, Literatura y Latín en el I.S.P. “Dr. Joaquín V. González” (en curso).

Otros

 

Colaborador de la Revista virtual “Paradoxas” de Chile.

 

n     Publicaciones en la revista “Amalgama” de Rota (Cádiz)/España.

 

n     Publicaciones en Antologías del Centro Poético de Madrid.

 

n     Lecturas en varios encuentros de Poesía.

 

n     Integrante de los Grupos y listas: “Azul y palabras”, “El escarabajo”, “Literatura Bolivia”, “Absurda” y efímera, “El Colectivo Menardiano”, etc.

 

 

Contactar con el autor